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"De hecho, el asesinato era un acontecimiento poco común en Ankh-Morpork, pero había un montón de suicidios. Andar por los callejones de Las Sombras durante las horas nocturnas era cometer suicidio. Pedir un trago corto en un bar de enanos era cometer suicidio. Decirle «¿Tienes rocas en la cabeza o qué?» a un troll era cometer suicidio. Si no ibas con cuidado, podías cometer suicidio muy fácilmente"

Creo que no hace falta incidir en el hecho de que soy una fanática de la serie de novelas ambientadas en Mundodisco, del británico Terry Pratchett. Esta novela en particular, Hombres de armas, es la segunda en la subserie de novelas dedicada a la Guardia Real (turno nocturno) de la ciudad de Ankh-Morpork, capital del Mundodisco. Es decir, continúa donde se quedó esa genial novela titulada ¡Guardias, guardias!.

Tras el famoso incidente del dragón (narrado en ¡Guardias, guardias!), el Capitán Vimes, jefe de la Guardia Real Nocturna, va a dejar su puesto para casarse con Lady Sybil, la famosa cuidadora de dragones de la ciudad, y la mujer más rica de todo Ankh-Morpork. Y también tras el éxito parcial cosechado por la Guardia, el Patricio de la ciudad, Lord Vetinari (hace siglos que no gobierna un rey en Ankh-Morpork, aunque siga existiendo la Guardia Real... que ha quedado relegada a unos pocos menesteres que nadie en su sano juicio querría hacer), presionado por los grupos étnicos y por la corrección política, decide que es preciso reclutar nuevos guardias interinos de diferentes minorías étnicas. Eso sí, se les asigna el turno de noche, para que no se les vea mucho.

Los elegidos son Cuddy, un enano (aunque el recién ascendido Cabo Zanahoria es técnicamente un enano, no se le considera como tal... a pesar de haber sido adoptado por enanos cuando era sólo un bebé, Zanahoria es un impresionante ejemplar humano de dos metros de altura), Detritus el troll, y Angua, una mujer. El Sargento Colon está francamente desesperado con sus nuevos reclutas: Cuddy y Detritus se llevan como... bueno, como un enano y un troll, y además Cuddy es reacio a dejar su hacha de enano (con la que se complace destrozando los muñecos de entrenamiento), Detritus es lento pensando y se deja inconsciente a sí mismo cada vez que hace el saludo reglamentario, y Angua promete mucho, pero se entorpece a sí misma cuando hace tiro con arco.

Por otra parte, Edward de M'uerthe, un joven aristócrata miembro del Gremio de Asesinos, decide, tras la muerte de su padre, que ya es hora de volver a los tiempos gloriosos de la aristocracia, aquellos tiempos en los que había reyes y plebeyos y demás. Así que se lanza a la búsqueda de un descendiente real... y lo encuentra, de hecho es alguien bastante respetado en la ciudad. Su plan es simple: sembrar el caos matando a todos los personajes importantes actualmente en la ciudad (eso incluye, claro, al Patricio), y después ofrecer el trono al legítimo rey Ankh-Morporkiano. Para ello se valdrá de cierto artefacto que el legendario Leonardo da Quirm creó: una extraña ballesta metálica que dispara bolitas de plomo y pólvora con gran precisión y a enormes distancias. Pero como suele pasar en Mundodisco, ese mundo dominado por la magia, algunos objetos tienen voluntad propia...

Esta novela, como siempre, tiene temas de fondo. El primero y más obvio es el de las diferencias raciales y la discriminación, a la que Terry no le ve ningún sentido: una cosa es hacer bromas no malintencionadas, y otra es el racismo (especiecismo, lo llaman en Mundodisco). El segundo tema es el de la monarquía, que sorprende mucho en un autor británico muy vendido: no parece que Pratchett le tenga especial aprecio a la monarquía, aunque tampoco es que la odie a muerte. Y el tercero y más importante, es el tema del peligro de las armas de fuego, no tanto por ellas en sí mismas, sino por la sensación de poder que se logra con ellas... los humanos deberíamos dejar de toquetear aquellas cosas que nos corroen la mente y los principios éticos más básicos.

Es una novela divertida, aunque reconozco que me gustó más ¡Guardias, guardias!. Eso sí, si lo que quieres es descubrir si el Patricio tiene sangre en las venas, si Zanahoria logrará descubrir los Misterios de la Vida que, por su educación enana, aún no le han contado (ya que los enanos llegan a la pubertad a la edad de 70 años, y Zanahoria tiene sólo 18), si los trolls son en realidad tan tontos como parecen, quién es el legítimo rey de la capital del Mundodisco, y sobre todo qué fue de Gaspode, el Perro Maravilla (aquel perrito que consiguió inteligencia y habla humanas por tanto dormir en los sótanos de la Universidad Invisible)... esta es tu novela.

Un besote